-Mamá, cuéntame un cuento - le dijo Raquel a su madre - pero uno nuevo, de los que no se sabe nadie porque no están en los libros.

Raquel tiene cinco años, y no hay nada que le guste más en el mundo mundial, que estar en la cama por la noche mientras su madre le cuenta un cuento antes de dormir.

Inma llega siempre cansada de trabajar, y luego están las tareas del hogar, pero adora ese ratito con su hija.

La mayoría de los días coge un libro y lee un cuento al azar, o el que le haya pedido la niña.

Pero también le gusta mucho inventarlos si Raquel se lo pide. Juntas han imaginado las historias más divertidas.

Así comenzó Inma el cuento:

-Había una vez una estrellita llamada Luz, que estaba muy muy triste porque no encontraba a su mamá.

No sabía dónde estaba y se encontraba allí solita, en mitad del inmenso cielo.

Estaba tan triste que empezó a llorar. Y lloró tanto que el cielo se cubrió de mogollón de nubes encima de ella. Nubes lleniiiiiitas de sus lágrimas, que se condensaban mientras resbalaban por su carita.

-¿A que cuando tienes las gafas puestas y lloras, se empaña todo? - le dijo a Raquel

-Sí mami, es un rollo, no veo nada de nada. - dijo Raquel frotándose los ojos

-Pues eso es lo que le pasaba a la estrellita. Ella no podía ver nada cuando se ponía triste porque lloraba a mares y se llenaba el cielo de nubes. Era un desastre de cielo, feo y oscuro.

Pasaban los días y su mamá no aparecía.

A veces pasaban estrellas fugaces. Así, viéndolas pasar, fue como un día pensó:

“¿Por qué no puedo ser una estrella fugaz?” - se preguntó - “Podría volar muy muy rápido por todo el cielo para buscar a mi mami. ¡Claro que sí, lo voy a intentar!”

En en ese momento pasó por allí una enorme y brillante estrella fugaz y la estrellita le gritó:

-Disculpaaaaa ¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡Cómo puedo ser una estrella fugaaaaaaaz!!!!!????? - gritó lo más alto que pudo, porque la estrella iba muy muy rápido.

-¡Es muy faaaaaciiiiilll! - gritó la estrella fugaz mientras pasaba a toda velocidad - ¡Sólo tienes que pensar muuuuuy muuuuuuy fuerte en algo que te haga muy feliz y saldrás disparadaaaaaaa! - y desapareció en la oscuridad del cielo.

“¡Qué fácil!” - pensó la estrellita - ”Perooo… ¡ostras! y ¿cómo podré frenar? Cuando vea a mi mami tendré que parar y no sé hacerlo”.

Qué rabia le dio, ¡jopeta! ¡cómo no lo había pensado antes!

Aunque en realidad tampoco le habría dado tiempo a preguntar nada más, porque las estrellas fugaces son súper-híper-mega-rápidas.

La estrellita pensó de nuevo: -”Bueno, pues habrá que esperar a que pase otra estrella fugaz. No voy a llorar, porque si me pongo a llorar, no voy a ver nada. Tengo que ser muy valiente y tener paciencia.” - y se sentó en una nube a esperar.

Tardó mucho en pasar otra estrella fugaz, pero la estrellita ya se sabía la pregunta de memoria, había estado practicando para no perder la oportunidad:

-¡Estrellaaaaaaa… por favoooor… dime cómo puedo frenaaaar¡ - gritó con todas sus fuerzas.

-¡Piensa en algo tristeeeeeeeee! - y desapareció dejando una estela de luz a su paso.

En este momento, Inma interrumpió el cuento y miró a su hija. Seguía despierta mirándola con los ojos como platos:

-Raquel, ¿a tí qué te hace estar triste?

-Mamá me hace estar triste cuando me muerden mis compañeros de colegio, o me pega mi primo, algo de eso mami…

-mmm… a ver… ¿Qué te parece si decimos que a la estrellita lo que le ponía muy triste era pensar en un cachorrito que no puede subir las escaleras, porque es muy pequeño, y se da un coscorrón cada vez que lo intenta? -

-Ay sí - dijo Raquel - uno pequeñito peludo como un peluche- Pobrecito, ¡qué pena!

Inma siguió con el cuento:

-La estrellita ya sabía lo que tenía que hacer para volar a toda velocidad, y también para frenar. Estaba lista para ir en busca de su mamá.

Ahora solo tenía que pensar en algo que le hiciera muy muy feliz.

No fue difícil: -”No hay nada como los besitos que me da mamá para dormirme, eso me gusta muchísimo”. - pensó, pero se puso un poco triste porque echaba mucho de menos a su mami, así que no funcionó.

“¡A ver que piense en otra cosa!…” - pensaba intentando quitar la tristeza de su mente.

Y de repente… pumm… ¡pensó en las palomitas de maíz! Esas palomitas de maíz de color rosa, dulces y sabrosas que tanto le gustaban. ¡¡Sí!! ¡¡Ese iba a ser su combustible de la velocidad!!

Empezó a pensar muy muy fuerte en una fuente gigaaaaante de palomitas de color rosa, calentitas, con su rico y dulce olor.

Y de repente… ¡¡¡ahí estaba la estrellita cruzando el cielo a toda velocidad!!!

Al principio se asustó pero luego fue ¡taaaaan divertido!!!

Durante un buen rato se dejó llevar y gritaba muy fuerte cuando se cruzaba con otras estrellas:

-¡Holaaaaa! - gritaba - ¡soy una estrella fugaaaaz!

A lo lejos vio un grupo de estrellas y pensó que igual su mamá estaba ahí.

“Cachorrito peludo, cachorrito peludo,  cachorrito peludo… pobrecito no puede subir las escaleras…” - pensó imaginando al pobre cachorro tropezando con las escaleras.

Y de repente, ¡zas! parada en seco.

“¡Funciona!” - pensó.

Se acercó al grupo de estrellas y le preguntó a una de ellas si sabía dónde estaba su mamá.

La estrella, que era muy viejita y un poco remilgada, la miró de arriba a abajo y le preguntó:

-¿De qué color eres tú, niña?

-¿Yo? - dijo la estrellita extrañada - pues no lo sé, no me puedo ver. Supongo que de color de estrellita - dijo tan natural.

El resto de estrellas se echaron a reír, y a la pobre estrellita no le hizo nada de gracia. Ella no se podía ver, ¡qué se habían pensado esas estrellas!

Además ella era una estrella preciosa, su mamá siempre se lo decía, no tenía que saber de qué color era para saber eso.

Se despidió con educación y más decidida que antes, empezó a pensar en las palomitas de maíz de color rosa, calentitas y en su rico olor.

“Palomitas de maíz… palomitas de maíz… palomitas de maíz… ayyyyyy… ¡coscorrón de cachorrito!

Un poco cansada le preguntó a otro grupo de estrellas si habían visto a su mamá y a lo lejos una estrella grande y luminosa le sonrió.

¡Era su mamá! ¡Por fin la había encontrado!

-¡Hola Luz! ¿Dónde te habías metido? - dijo mientras la abrazaba muy muy fuerte.

-¡Ay mami! Me había perdido en el cielo y no te veía. No sabes qué miedo he pasado.

-¡Pero sii estabas a mi lado! Pero de repente se puso todo nublado y no se veía nada. Todas las estrellas llevamos un rato buscándote.

-¿Un rato? Llevo días a solas mami y ya no sabía qué hacer. Hasta he tenido tiempo de aprender a ser una estrella fugaz.

Su mamá le explicó que la había perdido de vista sólo un ratito, y que en ese ratito hubieron varias tormentas que no la dejaban ver. Luego vio varias estrellas fugaces muy grandes y por fin la vio a ella convertida en una linda estrellita fugaz.

Se sentía muy orgullosa de saber que su hijita eligió luchar y superarse en vez de seguir triste y quedarse sin hacer nada.

Por eso cuando estamos tristes el tiempo pasa leeeeento lento, y cuando estamos contentos pasa volando, a la velocidad de las estrellas fugaces..

Volando como las palomitas de maíz saltando en una sartén.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

FIN